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16 enero 2019

A Fonte do Ídolo

A Fonte do Ídolo, santuario rupestre.

"A Fonte do Ídolo", nombre con el que tradicionalmente se conoce este santuario rupestre del siglo I, en la antigua Bracara Augusta.

07 septiembre 2015

Las huellas de Encanto, en Rincones de la Mariña


Las pisadas de Encanto.

Dicen las gentes del lugar que en el alma de la roca de esquisto, que pavimenta el estrecho paso del camino entre As Anzas y Salcedo, vive Encanto, una joven rubia de asombrosa belleza. En San Juan, la moza se aparece por arte de magia a los que pasan por allí seduciéndoles con su hermosura.

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Las once pisadas de encanto y cuatro cazoletas.

Estas formas salieron a la luz en el año 2010, tras una riada que arrasó la capa de tierra que se había depositado sobre la parte inferior de la rampa pétrea.

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Las pisadas de Encanto, un yacimiento arqueológico.

Las pisadas de Encanto son grabados rupestres, los primeros petroglifos encontrados en Ribadeo y los primeros podomorfos de la Mariña. Como tales fueron catalogados por la Xunta de Galicia siendo incluidos en el inventario de Yacimientos Arqueológicos de la Dirección General de Patrimonio.

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La interpretación de los petroglifos de As Fadegas.

El profesor Emilio Piñeira Lozano en su cuaderno de investigación Pegadas da prehistoria en Ribadeo recoge las diferentes interpretaciones sobre la representación de los petroglifos conocidos como As pisadas do Encanto, que significado y función podrían tener para las gentes de la prehistoria.

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Nuevas interpretaciones de los petroglifos de As Fadegas.

Marco García Quintela, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Santiago y César González García, arquoastrónomo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), un año después de la de los técnicos de la Xunta, que determinaron el carácter antrópico de los grabados en la roca. Sus conclusiones son sorprendentes.

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Más lugares en:

http://rinconesdelamarina.blogspot.com
http://www.facebook.com/rinconesdelamarina
#RinconesDeLaMariña

15 septiembre 2014

El monumento a la Armada Española.

Monumento a la Armada Española, en San Cibrao, Cervo.

Un curioso monumento se levanta en la playa de O Torno de San Cibrao asentado sobre las piedras del Miramar. Desde 1967, una mina submarina en la cúspide de un basamento de granito, custodiada por cuatro obeliscos de granito, homenajea a la Armada Española. El cómo llegó hasta ahí es una curiosa historia.

A mediados de la década de los sesenta, el muro que hoy protege el puerto y la entrada de la ría sobre el afloramiento granítico de la Anxuela aún no se había construido, por lo que las olas batían con más intensidad este costado del pueblo. Por tal circunstancia y coincidiendo con las mareas grandes de diciembre de 1965 consiguió entrar en la Concha este artefacto bélico de la II Guerra Mundial, continuando hacia el interior de la ría hasta el punto de llegar al puente de la carretera de Lieiro. 

Con los vaivenes de las olas y de las mareas la mina navegó a su antojo de un lado a otro embistiendo contra las piedras y todo lo que se le ponía por delante, hasta que quedó varada en la playa de O Torno, para gran regocijo de los escolares que, a la salida de las clases, se acercaban a jugar subiéndose a los lomos del artefacto.

Nadie sospechaba que la mina estuviese cargada, después de que se viera que tras tanto choque no explosionara. Cuando se dio parte a las autoridades de la Marina de Guerra y acudieron los desactivadores descubrieron que estaba operativa y que el artefacto podría haber explotado en cualquier momento.

La Cofradía de Pescadores, órgano con más representatividad por aquellos entonces solicitó que la mina, una vez desactivada, no saliera de San Ciprián, elevando un monumento en homenaje a la Armada del que formara parte y también para recordar la suerte que tuvo el pueblo. La inauguración se realizó por todo lo alto con gran presencia de autoridades militares, civiles y eclesiales, así como de gran gentío, destacando la presencia del entonces Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga.

Hoy día, otro monumento se encuentra en esta playa. el levantado a la sirena Maruxaina.

Playa de O Torno, con marea baja, con el monumento a la Armada Española. Al fondo, la chimenea de Alcoa.

Publicado en:

Guía fotográfica de la Mariña: El monumento a la Armada Española.

Fuentes:

SAN CIPRIÁN, "PENÍNSULA DE LA PAZ". "Monumento a la Armada - Mina de la II Guerra Mundial - Año 1967". Sitio web: Facebook.com, páginas personales, San Ciprián, "peninsula de la Paz". Consultada el 14/9/2014. Url: https://www.facebook.com/notes/san-cipri%C3%A1n-pen%C3%ADnsula-de-la-paz/monumento-a-la-armada-mina-de-la-ii-guerra-mundial-a%C3%B1o-1967/10151607798606044

25 diciembre 2013

Iluminación navideña de Castro de Ouro en la Exposición de Navidad.

Torre de Pardo de Cela e iglesia de San Salvador, en Castro de Ouro, Alfoz.

En las fechas navideñas, el concello de Alfoz celebra las fiestas iluminando uno de los monumentos más emblemáticos de la Mariña. Una enorme estrella de Belén brilla sobre la torre de Pardo de Cela, que puede divisarse desde cualquier rincón del valle del río Ouro. 

El mariscal levantó una de las fortalezas sobre un estratégico castro desde el que dominaba sus posesiones en estas fértiles tierras. Del conjunto original sólo permanece en pie la reconstruida Torre da Homaxe, que se utiliza como Casa del Ayuntamiento de Alfoz; su capilla, la Igrexia de San Salvador de Castro de Ouro y restos de la muralla.

La buena estrella del Mariscal se apagó un 7 de diciembre de 1483, cuando el ejercito de los Reyes Católicos, al mando del capitán Mudarra, le sorprendieron en este lugar y le apresaron en compañía de su hijo a Don Pero de Miranda, "con moitos fidalgos onrados que con el estaban", llevándolos a Mondoñedo para ejecución pública ejemplar.

Con esta imagen participo, como miembro de la Asociación Fotográfica la Paz, en la tradicional Exposición de Navidad, organizada por el Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Fuenlabrada, en la que todas las asociaciones de Artes Visuales de la localidad se encuentran "entrelazando todas y cada una de las diversas realidades plásticas que se crean en nuestra ciudad". 

La exposición podrá visitarse del 19 de diciembre al 6 de enero de 2.014, en la Sala C del centro de Arte Tomás y Valiente.

También aprovecho la ocasión para desearos unas muy:

¡Felices fiestas!

05 diciembre 2013

Pinturas murales de Nosa Señora da Ponte, exvoto marinero.

Pintura que hay en el muro sur, con la representación de un naufragio.


En el interior del santuario de Nosa Señora das Virtudes, en el muro sur de la nave, nos encontramos una pintura mural con una escena que hace alusión al mar, que data de 1606.

Se representa el viaje Domingo de Carranza e Aguiar, capitán de infantería, que en 1594 embarca en un navío rumbo a las indias. Durante la travesía, un temporal le arroja al agua y desarbola la nave. Viendo próximo su final, se encomienda a la Virgen de las Virtudes, y ocurre el milagro: el capitán salva su vida y el mar se calma. Después, sin apenas velamen, vientos favorables llevan la nave y a la tripulación sanos a salvos a puerto. La pintura se trata, pues, de un exvoto, una ofrenda en recuerdo de un bien recibido del capitán agradecido, en alabanza y gloria de Dios y de la Nosa Señora. 

Bajo la pintura reza la inscripción donde se relata tan aciago viaje:
"Domingo de Carranza e Aguiar, capitán de infantería española (...) estivo nesta igresia de Nosa Señora das Virtudes no ano 1594. No mesmo ano embarcou para as Indias nunha nave (...) Catalina (...) por Capitán o ano seguinte de 1595 en cavo de San Antón (...) e deulle unha tan recia tormenta de furacán e Norte que partiu as dúas arbores, o maior (...) e (trinou) o (...) a nave coas belas bacias (...) caeu ó mar e vendose en tan grande peligro de morte encomendouse á Virxe Santa e despois milagrosamente estando afundidos veu (bo) tempo e o mar en bonanza e salía a nave días despois do trebán andivo mais de duascentas sesenta leguas asta (...) estimaba que era causa imposible de poder (...) catro (...) que se non fose milagre tan (...) daquela cidade foi manifesto a todos e sairon en procesión co Santísimo Sacramento (...) Don Gonzalo de Amoeiro e Candia, chantre e Coengo (...) de Mondoñedo (...) a nao un vestido de carmesí, unha lámpara de prata e unha arroba de aceite a Nosa Señora (...) en loubanza e grería de deus e da sua Santísima Nai Santa María das Virtudes. Ano Domini 1606".
Críticos de arte subrayan la importancia de estas pinturas por ser muy escasas, en esta época, las pinturas murales con temas del mar, ya que sólo aparecían sobre tabla.


Artículos relacionados: 
Fuentes: 

VV.AA. Nosa Señora das Virtudes da Ponte, Arante - Ribadeo. Cuadernos de Investigación del IES DIONISIO GAMALLO FIERROS de Ribadeo, nº 6 (2ª Edición). 2005.

Publicado también en mi blog: Guía fotográfica de la Mariña.

21 octubre 2013

La gloria de Augusto.

Vista del monte Medela (Xove) desde el embarcadero del embalse del río Cobo (Cervo).



Esta joven contempla un plácido atardecer en el embarcadero del embalse del río Cobo, a los pies del monte Medela. Quizá, hace más de 2.000 años, en este mismo lugar se encontrara el comandante romano Paulo Fabio Máximo supervisando las últimas maniobras de sus legionarios para poner fin a la resistencia de las tribus del norte. 

Año 25 a.C., en el monte Medulio los romanos consiguieron cercar por fin a los cántabros, obligándoles a presentar batalla tras cruentas escaramuzas para sus legiones. Cuenta Estrabón que a los pies del monte los romanos “cavaron un foso continuo de quince millas”. Los indómitos cántabros saben que la victoria no es posible y que su fin es la esclavitud. Rodeados y sin posibilidad de huida prefieren el suicidio “con el fuego y con el hierro” a la rendición; en un último banquete se inmolaron “con un veneno que allí se extrae comúnmente del tejo”: Las victorias de Augusto que culminaron con la claudicación del monte Medulio “parecieron al senado dignas de laurel, pero tan grande era ya Cesar que despreció encumbrarse más con un triunfo” –según cuenta el historiador Floro. No obstante, en Roma, el emperador fue recibido con el cierre de las puertas del templo de Jano que se mantenían abiertas en caso de guerra, con lo que se reconocía la pacificación del Imperio, y los escritores de corte celebraron al victorioso príncipe. 

No se ha identificado inequívocamente el lugar donde se halla el monte Medulio, los historiadores lo sitúan en el frente cántabro pero algunas fuentes no tienen dudas de que es el Medela y que la resistencia la ofrecieron las trebas galaicas. Curiosamente, Xove es el único concello que muestra en su escudo el águila romana de Júpiter, dios de los ejercitos de Roma. 

Fuentes:

FERNÁNDEZ VEGA, P.A."Las guerras cántabras", Historia National Geographic, nº 105. Disponible en línea: http://www.nationalgeographic.com.es/articulo/historia/grandes_reportajes/7467/las_guerras_cantabras.html?_page=2

MARTÍNEZ, S. "Promontoria céltica. El monte Medulio está en Xove", Sitio web: guiasdegalicia.com. Publicado el 6 de noviembre de 2011. Consultado el 10 de octubre de 2013. URL: http://www.guiasdegalicia.com/lang/es/promontoria-celtica-el-monte-medulio-esta-en-xove

Publicado también en mi blog: Guía fotográfica de la Mariña.

01 agosto 2013

Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo (iv), la matanza de los Santos Inocentes.

La Matanza de los Santos Inocentes - Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo - Imagen obtenida juntando las fotografías de los dos murales - Fotocomposición: Antonio Herrera Huerta.

"Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios lo habían engañado, se puso muy furioso y mandó matar a todos los niños menores de dos años, que vivieran en Belén y sus alrededores. Así se cumplió lo que Dios dijo por medio del profeta Jeremías: «Grandes llantos y lamentos / oyó la gente de Ramá. / Era Raquel, que lloraba / por la muerte de sus hijos, / y no quería ser consolada.»" (Mt 2, 16-18)
La iconografía suele representar este pasaje evangélico con dos escenas que aparecen fusionadas. En primer lugar aparece Herodes acompañado por un acólito y los sicarios que van a ejecutar su mandato, y posteriormente se presenta a las madres con sus hijos y el grupo de soldados que les dan muerte, y en muchas ocasiones un grupo de cadáveres amontonados.

El rey presenta los atributos y gestualidad propios de los poderosos: entronizado, portando cetro o espada, mesándose las barbas, cruzando las piernas... Respecto a las madres, lo característico en las representaciones es el énfasis en el horror y la angustia ante el asesinato de sus hijos. También son comunes actitudes particulares de algunas de ellas como el mesarse los cabellos, luchar contra los soldados, la posición genuflexa... Es un tema recurrente que los verdugos sostengan por los pies cabeza abajo o agarrando de los cabellos a sus víctimas. En la época románica y gótica se caracterizan como los caballeros del momento, con cota de malla y elementos del arnés.

La iconografía también se va enriqueciendo con el tiempo, en las representaciones se van añadiendo con nuevos temas que no aparecen en los textos. Así, en la época bajomedieval, aparecen madres que suplican a los verdugos y a Herodes, también se intensifica el horror y la brutalidad de las escenas destacándose el tamaño de las armas. En la época tardogótica, que es el tiempo de las pinturas murales de Mondoñedo, se extrema el derramamiento de sangre y el dramatismo de los hechos.

En las pinturas de la catedral de Mondoñedo pueden contemplarse estos elementos. D. José de Villaamil y Castro, su descubridor y primer investigador de las mismas, describe cómo el pintor va desarrollando los acontecimientos de la escena evangélica. En el cuadro superior, que fue dañado por la instalación del coro de la catedral y del que sólo se conserva una banda de 35 centímetros, puede intuirse a Herodes sentado en su trono y a sus pies una mujer que le pide misericordia. A la derecha se representa la huida a Egipto, quedando restos de la ropa de la virgen, las patas traseras del asno y el báculo de San José. En los cuadros medio e inferior se desarrolla la escena de la degollación de los inocentes, donde aparecen quince soldados y veinte mujeres. "Los soldados visten yelmo, cota de malla con sobre-veste acuchillada, jubón y calzas de colores. Las mujeres lucen tocas o turbantes en la cabeza y largas faldas, jubones y corpiños. Las indumentarias y las armas recuerdan a las usadas en el siglo XIV, aunque algunos detalles parecían del siguiente". Respecto a la actitud de las figuras representadas indicar que los soldados muestran con sus gestos su determinación y expresión de impasibilidad para realizar el mandato de Herodes: alanceando a bebés que están en el suelo, dispuestos a dar tajos con sus espadas a niños que tienen agarrados por las manos o bien asestando estocadas hasta el punto de decapitar a alguno de los infantes. Las mujeres muestran el horror y el terrible dolor que están sufriendo al ver morir a sus hijos, pero también algunas intentan huir con ellos de los soldados y otras se arrojan al suelo para protegerlos con sus cuerpos de las espadas. Hay otras que se enfrentan directamente a los soldados agarrándoles por los brazos o por el cuello, intentando arrancarles sus armas y escudos, a uno de ellos incluso han conseguido derribar al suelo, caído de espaldas dos mujeres le sujetan, una poniendo sobre él todo el peso de su cuerpo y la otra agarra la mano del soldado que aún empuña el arma.

Hay que destacar que las actitudes que mantienen las mujeres es diferente según su condición social o raza a la que pertenecen, perfectamente distinguibles por la diferencia entre sus tocados y por los tonos de piel. Las que están peor vestidas, de tez morena y bastas facciones, tocadas con turbante, lo que indicaría que son judías o moras, en cualquier caso de clase social poco elevada, son las que defienden con violencia la vida de sus hijos, mientras que las mujeres de tez más blanca y delicadas facciones, también mejor ataviadas, de maneras distinguidas, de clase social más elevada, se enfrentan a los soldados mostrando su dolor ante la muerte, protegiendo a sus hijos con sus cuerpos o huyendo.

Simonetta Dondi, conservadora del museo diocesano, interpreta que el pintor quiso mostrar con las diferentes actitudes de las mujeres el valor de la resignación cristiana ante la muerte, la aceptación de que la vida de los cristianos se encuentra en manos de Dios, unas vidas que se deben disponer ante él con entera confianza, siendo para bien, aunque no se pueda ver el sentido de lo que sucede, en contraposición con los paganos e infieles que carecerían de tal virtud.

Los Inocentes desde antiguo serán considerados por la iglesia como los primeros cristianos y mártires, alcanzando la categoría de Santos, existiendo una analogía entre los infantes y Cristo de acuerdo con su común inocencia y pureza y del valor sacrificial de su muerte.

Por último, en la parte inferior aparece un largo letrero, el que se conserva la inscripción:

ESTES SON LOS SANTOS Y NOCENTES QUE EL REY ERODES MANDÓ DEGOLAR...

Artículos relacionados:

Fuentes:

JOSÉ VILLA-AMIL Y CASTRO, “Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo”, Museo Español de Antigüedades, I, 1872, pp. 220-233 (cap. III, pp. 225-230 para las escenas de la vida de san

MANSO PORTO, C. “La colección de dibujos de José Villaamil y Castro conservados en la Real Academia de la Historia”. Abrente, boletín de la Real Academia Gallega de Bellas Artes de Ntra. Sra. del Rosario, nº 40-41. 2008-09. Disponible en línea: http://www.academiagallegabellasartes.org/gestor/archivos/10CarmenMansoPorto.pdf

GARCÍA GARCÍA, F. de A. "La matanza de los Inocentes", Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. III, nº 5, 2011, pp. 23-37. Disponible en línea: http://pendientedemigracion.ucm.es/centros/cont/descargas/documento37886.pdf

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24 julio 2013

Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo (iii), escenas de la vida de San Pedro.

Continuamos con la descripción de las pinturas murales analizandolas con más detalle. En este artículo recorreremos las escena de la vida y obra de San Pedro siendo el artículo "Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo" publicado por D. José Villaamil y Castro en el primer volumen del Museo Español de Antigüedades nuestra guía.


Jesucristo entrega las llaves del reino de los cielos a San Pedro.

La primera escena muestra a San Pedro ataviado con traje pontifical y "cubierto con una tiara de triple corona rematada en un globo y una cruz", sentado en un trono de tijera, a punto de recibir una llave de mano de Jesucristo, que ocupa el centro de la composición, representado con larga melena y barba partida y detrás de su cabeza el nimbo crucífero, que señala su divinidad. Va descalzo y vestido con una túnica que recoge con su mano derecha. A sus espaldas se ve a San Juan, caracterizado por su fisonomía imberbe y tras éste aparece la cabeza de otro apostol, nimbado con un disco rojo, como el que son representados el resto de los apóstoles. El resto del fresco aparece dañado ya que fue por donde se abrió la puerta del coro, percibiéndose "las caras incompletas de otros dos incompletas, el nimbo de uno, las manos cruzadas de otro y retazos de las vestiduras de varios".


El letrero, que se lee en la faja que separa la historia de abajo, dice:

COMO XPO DIO SU PODER A SAN PEDRO.

La escena puede representar el versículo 19, del capítulo 16, del Evangelio de San Mateo: "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos."


San Pedro obra el milagro de resucitar a una mujer.

En la segunda escena representa a San Pedro obrando el milagro de resucitar una mujer. El apostol aparece representado como un anciano de barba y escaso pelo blanco,  con nimbo circular rojo que sostiene la simbólica llave con la mano derecha mientras que con la izquierda ayuda a salir de un sarcófago a una joven de cabellos rubios, escualida, medio envuelta en un sudario que deja ver su pecho y vientre. Detrás un personaje rícamente ataviado, con manto de armiño, y tras él, el rostro desfigurado de "una dama de noble aspecto". Acompañando a ambos aparece un personaje vestido con más sencillez, que debe ser el sirviente del caballero y el rostro de otro, que también debe ser sirviente.

Debajo, una inscripción que dice:

COMO S. PEDRO RESUCITÓ A LA FI...

El autor querría narrar la milagrosa resurrección de la hija de un renombrado personaje, aunque tal suceso no es nombrado en ningún libro Santo atribuido a San Pedro. En los Hechos de los Apóstoles, capítulo 9, versículos 36 al 43, se refiere a la resurrección de Tabita (Dorcas), una viuda de Jope: "Y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas hacia cuando estaba con ellas. Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó."

Villaamil destaca la rareza del asunto mostrado en la pintura, reforzado por el hecho de que la parte que falta de la inscripción está raspada, por lo que concluye que mucho después de realizada la pintura se cayó en la cuenta que "en aquel letrero se contenía, sino una escandalosa verdadera herejía, un craso error histórico". Por ello, establece la hipótesis de que tal escena sea una mezcla de pasajes bíblicos, la resurrección de Tabita por Pedro y la de la hija de Jairo obrada por el mismo Jesucristo, realizada en presencia de los padres y los discípulos que le acompañaban.


El ángel del Señor saca de la prisión a San Pedro.

En la tercera escena se muestra a San Pedro sacado de la prisión por un ángel. Éste en "figura de gallardo mancebo de agradable rostro y entrelazados rubios cabellos, vestido de amplia túnica de color claro" que señala con una mano el lugar al que se dirige mientras que con la otra coge al Santo, ataviado con el nimbo rojo, túnica azul y capa roja. Detrás se encuentra la prisión de la que es sacado representada por una torre cuadrangular, "cubierto de tejas a cuatro aguas". La leyenda no aparece debajo, sino en un tarjetón a la derecha, en el que sus letras aparecen completamente borradas. Una curiosidad más respecto al ángel, Simonetta Dondi, conservadora del museo diocesano, destaca la ambigüedad sexual que el autor de los frescos quiso expresar en los rasgos del rostro.

La pintura parece representar el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en el que Pedro es liberado de la cárcel en la que Herodes le tenía prisionero, vigilado y custodiado por guardas, con el fin de martirizarlo después de la Pascua (Hechos 12, 6-11).


Martirio y crucifixión de San Pedro.

Por último, en la cuarta escena representa el martirio  del Santo Apostol, amarrado a una cruz por encima de los pies y de la túnica. Dos curiosos personajes en actitudes estrambóticas están atando sus brazos al madero a la altura de las muñecas. El situado a la derecha del santo tiene su cabeza cubierta con la piel de un animal que le cuelga también sobre los hombros, viste jubón azul y calzas de dos colores, morada y amarilla. Sus zapatos de los mismos tonos pero contrapuestos. Aparece encorvado, como si estuviera haciendo fuerza sobre la cuerda que sujeta con su mano izquierda, mientras que con la mano derecha le hace burla. El personaje de la izquierda viste más sencillamente, sus calzas son de color carne mientras que su cabeza está cubierta por un gorro catalán. Tiene enrollada la cuerda a una mano y con la otra ata al santo a la cruz, haciendo fuerza con el pie pisando sobre la cruz.

El letrero también aparece en un tarjetón colocado detrás del palo vertical de la cruz, también en mal estado de conservación.

Se representan los versículos 18 y 19 del capítulo 21 del Evangelio según San Juan: "En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará por la cintura y te llevará a donde no quieras. Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: Sígueme".

La tradición católica narra que Pedro acabó sus días en Roma, donde murió martirizado en tiempos de Nerón, pidiendo ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo que Jesús.

Artículos relacionados publicados en este blog:

Fuentes:

JOSÉ VILLA-AMIL Y CASTRO, “Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo”, Museo Español de Antigüedades, I, 1872, pp. 220-233 (cap. III, pp. 225-230 para las escenas de la vida de san Pedro).

MANSO PORTO, C. “La colección de dibujos de José Villaamil y Castro conservados en la Real Academia de la Historia”. Abrente, boletín de la Real Academia Gallega de Bellas Artes de Ntra. Sra. del Rosario, nº 40-41. 2008-09.

VV.AA., "Simón Pedro". Sitio web: Wikipedia, rev. del 30 de junio de 2013, consultado el 24 de julio de 2013. URL: http://es.wikipedia.org/wiki/Sim%C3%B3n_Pedro


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22 julio 2013

Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo (ii), reproducciones de las pinturas.

Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo. Degollación de los inocentes. Primer hallazgo. Actual emplazamiento en la nave central bajo el órgano, lado de la epístola. Fotografía: Antonio Herrera Huerta.
Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo. Degollación de los inocentes. Segundo hallazgo. Actual emplazamiento en la nave central bajo el órgano, lado de la epístola. Fotografía: Antonio Herrera Huerta.


Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo. Vida de San Pedro. Tercer hallazgo. Actual emplazamiento en la nave central bajo el órgano, lado del evangelio. Fotografía: Antonio Herrera Huerta.

En el artículo anterior hacía referencia al hallazgo casual de las pinturas murales de la catedral de Mondoñedo por parte de D. José Villaamil y Castro en la segunda mitad del siglo XIX, que además fue el primer investigador y conservador de las mismas.

Bajo los bellos órganos barrocos de la catedral mindoniense pueden contemplarse, en el lado del evangelio, los murales que representan cuatro episodios de la vida de San Pedro, mientras que en el muro del lado opuesto, el de la epístola, se desarrollan varias escenas de la Degollación de los Santos Inocentes y la Huida a Egipto, tal y como las refiere san Mateo (Mt., 2, 13-18).

En sus investigaciones Villaamil no encontró noticia histórica acerca de las pinturas, no hallando dato alguno que condujera a la fecha de su realización ni al autor de las mismas. Sí encontró información sobre la construcción del coro y las obras de remodelación del mismo. Cómo la instalación de las sillerías en tiempos del obispo D. Pedro Pacheco afectó a las pinturas, éstas necesariamente deben de ser más antiguas, remontándose "cuando menos, a los años inmediatamente anteriores al de 1534, en que vino a residir a Mondoñedo aquel prelado".  Por otra parte, al analizar las características de las figuras de los frescos, determinó que debían de ser de tiempos de los Reyes Católicos por las armas y los trajes, aunque el pintor quisiera representar personajes antiguos con vestimentas que ya no estuvieran la uso en ese momento, llevaría al último cuarto del siglo XV o principios del XVI.

Otro investigador, D. Crespo Prieto también situa en la misma época a partir del estudio estilístico e iconográfico de los frescos: estilo gótico lineal, las líneas de los dibujos delimitan superficies de gran cromatismo, expresividad de los rostros y trazado geométrico de las figuras.

Por último, García Iglesias, atribuye las pinturas murales al llamado Maestro de Mondoñedo y que fueron pintadas en las primeras décadas del siglo XVI en estilo gótico hispanoflamenco.



Fuentes:

JOSÉ VILLA-AMIL Y CASTRO, “Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo”, Museo Español de Antigüedades, I, 1872, pp. 220-233 (cap. IV, pp. 230-233).

MANSO PORTO, C. “La colección de dibujos de José Villaamil y
Castro conservados en la Real Academia de la Historia”. Abrente, boletín de la
Real Academia Gallega de Bellas Artes de Ntra. Sra. del Rosario, nº 40-41.
2008-09.

CAMINO DE SANTIAGO DCR. “Vilanova de Lourenzá – Mondoñedo”.
Sitio web: Camino de Santiago. Diócesis de Ciudad Real. Entrada del día 18 de
junio de 2012, consultada el 21 de junio de 2013. URL:
http://caminodesantiagodcr.wordpress.com/2012/06/18/vilanova-de-lourenza-mondonedo/

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19 julio 2013

Pinturas murales de la catedral de Mondoñedo (i). Hallazgo y localización.

Pinturas murales, en los muros bajo los órganos de la nave central de la Catedral de Mondoñedo.


En el año 1862 D. José Villaamil y Castro subía al órgano pequeño de la catedral de Mondoñedo, se fijó por casualidad en la pared de la escalera que a él conducía y al corrillo de la orquesta y descubrió indicios de que ésta se encontraba pintada. Las pinturas estaban muy deterioradas y permanecían semiocultas entre los peldaños de la escalera. Tras un tratamiento de limpieza se hizo perceptible el conjunto de la composición mostrándose escenas de la degollación de los Santos Inocentes.

Mientras calcaba y copiaba estas pinturas, que al año siguiente presentaría a la Real Academia de la Historia, se produjo un segundo hallazgo, también de forma casual. Ocurrió durante una celebración religiosa cuando a uno de los violinistas de la Capilla se le escapó de la mano el arco y éste fue a caer en un agujero que había en el piso del corrillo. Al intentar recuperarlo se descubrieron otras pinturas murales en mejor estado de conservación, que formaban parte del mismo ciclo pictórico de la Degollación de los Inocentes. Ambas decoraban el cerramiento del coro, que como en las demás catedrales, ocupaba la bóveda de la nave central inmediata al crucero. Del conjunto faltaba gran parte del cuadro superior, del que sólo permanecían los 35 centímetros inferiores de la escena y también se encontraba interrumpido bruscamente por el postigo del coro.

El tercer hallazgo se produjo dos años después, en la parte del cerramiento del lado opuesto, que estaba oculto por el retablo de San Jerónimo, allí localizó pinturas que mostraban escenas de la vida pública de San Pedro y su martirio.

Villamil dató cronológicamente las pinturas en el período tardogótico hacia los últimos años del siglo XV o comienzos del XVI, concluyó que el muro del cerramiento del coro había estado pintado sin interrupción en toda su anchura, porque los asuntos representados se interrumpían bruscamente. También siguió el proceso de destrucción de las pinturas con la construcción del coro en la primera mitad del siglo XVI con el montaje de las sillerías, la apertura de los postigos y al hacerse las escaleras. Después se procedió a bajar el coro, dado que era muy alto y oscuro, dañándose la parte superior de las pinturas y quedando tapadas parte de las mismas al aplicarse las escalerillas para el acceso a la tribuna y a los órganos. A comienzos del siglo XVIII quedaron definitivamente ocultas al colocar nuevos altares en los lienzos murales del coro. De las pinturas no quedó constancia en documentación y bibliografía alguna de la catedral quedando en el olvido. A pesar de los daños sufridos, tales obras supusieron la conservación de las mismas, ya que muchas pinturas murales de los templos desaparecieron a lo largo de los siglos y a ello contribuyó el blanqueamiento sufrido por sus muros a partir del siglo XVI.

Al producirse el traslado del coro, con las obras de remodelación de la catedral entre los años 1964 y 1966, las pinturas se montaron en el emplazamiento donde pueden contemplarse hoy día, en el muro que se levantó debajo de los órganos de la catedral en la nave central.

A Villaamil y Castro se le atribuye el hallazgo, estudio y conservación de las pinturas murales de la catedral de Mondoñedo, algo que le sirvió para entrar en la Real Academia de la Historia.


Fuentes:

Manso Porto, C.: “La colección de dibujos de José Villaamil y Castro conservados en la Real Academia de la Historia”. Abrente, boletín de la Real Academia Gallega de Bellas Artes de Ntra. Sra. del Rosario, nº 40-41. 2008-09.

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